jueves, 15 de octubre de 2009

- La España Americana (1550 - 1750)

La decisión de permanecer en estos territorios sentara las bases para un poblamiento definitivo.

Una lógica que responde a tres factores interconectados:

a) La explotación agrícola de aquellas zonas fértiles y con amplia disponibilidad de mano de obra.

B) La explotación minera de oro y plata.

c) Las vías de comunicación para la exportación de los productos mineros (sobre todo del oro)

(1595 – 1630) Es una época de florecimiento y estabilización urbana para ciudades como Santa Fe de Bogotá, Tunja, Cartagena, Pamplona y Cartago. De ellas la que más rápidamente se consolida es Cartagena, cuerpo vital para el intercambio de productos con España, que posee desde sus inicios un dinámico desarrollo comercial. en el último tercio de siglo xvi la actividad constructora fue muy grande con "casas de cantería y otros edificios costosos" que le proporcionan una clara imagen urbana.

Otra prueba de su consolidación urbana es la prontitud con que se plantea la necesidad de resguardarla y fortificarla.

El ritmo de consolidación fue mucho más lento para las ciudades del interior. Se fueron haciendo construcciones con materiales más durables, irradiando de la plaza hacia el exterior. A pesar de la disminución vertical de la población indígena.

Coexistieron dos sistemas urbanos contrapuestos.

1) Ciudad “española” con su plaza central, su iglesia, su cabildo, rodeada por las casas de los señores principales (encomenderos, generalmente descendientes de los primeros conquistadores)

2) Ciudad indígena, ya desprovista de su lógica organizativa, y que funcionaba a manera de “satélite” del núcleo español. Estos conglomerados eran en ocasiones arrabales (barrios marginales) que rodeaban la ciudad española y en ocasiones centros independientes relativamente cercanos. Posiblemente no poseía la misma estructura jerárquica, ni el mismo trazado de la ciudad española, ni las mismas características arquitectónicas, ni se construyo con los mismos materiales.

Otro aspecto fundamental es el impacto urbano causado por el establecimiento de las órdenes religiosas. las ordenes mendicantes tradicionales y los jesuitas. Las ordenes mendicantes: sus miembros hacen voto de pobreza, por el que renuncian a todo tipo de propiedades o bienes, ya sean personales o comunes. Viven en la pobreza, mantenidos sólo por la caridad.

Ascetismo. En la primitiva religión cristiana católica, el ascetismo sirvió para alcanzar una unión más perfecta con Dios.

Epígono: Hombre que sigue las huellas de otro, especialmente el que sigue una escuela o un estilo de una generación.


Los jesuitas eran una orden nueva, fundada en el Siglo XVI para contrarrestar la reforma protestante. Vivían en lo mundano (corte, escuelas, política). La adquisición de bienes terrenales y su demostración van a ser muy importantes.


En toda América las haciendas de jesuitas van a ser un ejemplo de organización y de eficacia productiva, y las iglesias jesuíticas las más lujosas.

Iglesia de San Pedro Claver, Cartagena de Indias (1580-1654)

Edificaciones destinadas a conventos, iglesias, capillas, colegios, hospitales y otras dependencias pertenecientes a las órdenes religiosas.

Convento de la Popa

Edificios religiosos: la catedral, los conventos e iglesias de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín, San Diego, Santa Teresa, Santa Clara, La Merced, el Colegio de la Compañía, el Hospital de San Juan de Dios y una casa de la inquisición. Este crecido número contrasta con los edificios civiles, de menor tamaño y significación que, al parecer, sólo eran cuatro: la aduana, el almacén de galeras, las casas reales (contaduría y real caja) y la casa de la moneda.


Iglesia de Santo Domingo

Convento Santa Clara

Claustro la merced

La Aduana

La mayor parte de estos edificios religiosos se hizo en los núcleos urbanos españoles, creando enclaves autónomos y cerrados que dieron aspecto austero a la ciudad colonial. En Cartagena eligieron el arrabal de Getsemaní, donde también se encontraba el Hospital de San Juan de Dios.

Puerta del Puente y bahía de las Ánimas.

a. La Vivienda

Para entender la arquitectura doméstica colonial en su momento inicial es necesario hacer una aproximación del lente histórico e intentar un traslado mental a esas décadas finales del siglo XVI donde todo estaba por inventarse y cada gesto creativo cargaba un alto voltaje simbólico. Las primeras pautas formales de estos españoles en tierra extraña, tan vitalmente significativas, se convertirán luego en puras fórmulas.

Indígenas que incomprenden y desprecian, amenazados por toda suerte de peligros y por una naturaleza exuberante y extraña, enclavados en territorios inconmensurables, solo los sostiene su voluntad y su ambición y una vaga confianza en Dios.

Las primeras casas de estos españoles consistían en un “puro interior”. Posiblemente el plano y descripción más antiguo que se conoce sea el de “la casa del confitero”, hecha en Santafé de Bogotá en 1600. Los espacios que constituyen esta vivienda son: Sala, cámara, recámara y trascámara, complementada por dos servicios anexos (dos cocinas y un gallinero). Cada espacio se definía por su grado de privacidad, o más bien de interioridad.

Un esquema interiorizado también se encuentra en la casa de gobierno de Nóvita, Chocó de 1801. Allí la secuencia hacia la interioridad se describe en términos de “sala principal y común sala interior, cuarto de estudio y dormitorio”, que es el reducto último.

Tunja es tal vez la única de las ciudades del Nuevo Reino de Granada donde se conservan algunos vestigios de la arquitectura doméstica del Siglo XVI. Esta ciudad adquirió importancia rápidamente por la densidad y desarrollo indígenas de la zona y también porque allí se concentró una minoría intelectual que dejó huellas arquitectónicas.

Las pinturas halladas reproducen una imagen del entorno ambiental, la arquitectura interior decorada, que representaba la cultura, los primeros españoles se apertrecharon para la apropiación de un medio hostil y desconocido.

Efectivamente, la disposición de puertas y ventanas en estas casas tunjanas no están pensadas “desde fuera”, desde el espacio público, sino “desde dentro”, desde las necesidades de aire y luz de los espacios internos.

La arquitectura doméstica es solo un interior envuelto que se autodefine por oposición a la extensión ilimitada.

Para los españoles solo había un recinto seguro: el espacio interior. Hacia fuera una marca testimonia su poder: el Blasón.

Blasón. Arte de explicar y describir los escudos de armas de cada linaje, ciudad o persona.

La plaza de Tunja en 1602, poseía una torre o mirador (la que subsiste aun es una reconstrucción anterior, a su vez remodelada en 1895). Al parecer, los miradores fueron también relativamente frecuentes en algunas casas cartageneras prestantes.

La vivienda se iniciaba con un solo cuerpo compacto, su desarrollo ulterior se orientaba hacia la conformación de un patio central hacia el que se centrifugaban los espacios internos. La sucesiva construcción de alas adicionales derivaba en edificaciones en forma de “L”, de “U”, o de “O”, según su tamaño y complejidad.

Ulterior. Que se dice, sucede o se ejecuta después de otra cosa.

Entre el recinto público y el privado, se desarrolló un espacio transicional: El zaguán.

Zaguán de una vivienda Colonial


En cuanto al exterior de estas viviendas, la nítida separación entre al interior y el exterior, se acentuaba por la presencia de muros que rodeaban toda la propiedad. La “fachada” misma puede describirse como un grueso muro escasamente horadado en el cual apenas se señala la portada. Respecto a las ventanas, todo indica que durante mucho tiempo se trató de pequeñas aperturas cerradas con barrotes de madera. El balcón no aparece en la mayor parte del territorio neogranadino sino en fechas muy posteriores. En este sentido,

Cartagena parece haber sido una excepción notable.

Horadación. Agujero que atraviesa algo de parte a parte

La importación de artífices y oficiales de las Canarias hacia Cartagena puede explicar la aparición de balcones en esa ciudad desde fechas muy tempranas. Aunque Marco supone que los balcones volados se hicieron también desde el Siglo XVI en el interior de la Nueva Granada, no hemos encontrado fuentes documentales que lo corroboren.
































































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